Nº114 - Volumen XXV
Marzo/Abril 2014
Dossier: “Cultura y Psiquiatría”
  • Coordinadores: Norberto Aldo Conti, Daniel Matusevich, Juan Carlos Stagnaro

Nos motiva en esta ocasión proponer una reflexión, desde las páginas de nuestra revista, acerca de las incidencias de la cultura en el campo de la psiquiatría. Poder pensar de qué manera, en el mundo actual, los procesos culturales inciden sobre la teoría y la práctica psiquiátricas. Es necesario aclarar de qué hablamos cuando decimos “procesos culturales”. Desde el enfoque que proponemos para este Dossier se trata de una pluralidad de comportamientos socialmente compartidos que expresan la particular manera en que un grupo humano organiza usos y costumbres en relación a su contexto social, político, económico, tecnológico e ideológico.
Los sistemas médicos pueden ser estudiados y comprendidos como construcciones culturales como lo son las diferentes clasificaciones y nosologías, las hipótesis etiopatogénicas sobre el origen de los trastornos clasificados y las etnoterapias propias, acordes con esas conceptualizaciones, es decir, una serie de figuras reconocidas socialmente como capaces para ejercer la cura.
La literatura especializada -aunque existen pocas investigaciones al respecto- muestra que existen diferencias interétnicas en los procesos psicológicos básicos como la capacidad de atención, de percepción, de memorización, etc.
En investigaciones realizadas en Australia, India y África, se ha concluido que cada etnia tiene el patrón de habilidades visuo-espaciales que se ajusta mejor a su medio. En otras palabras, que mientras que todas las poblaciones tienen el mismo potencial para el desarrollo cognitivo y perceptivo, los factores culturales y ecológicos determinan lo que se va a desarrollar; es decir, que diferentes ambientes culturales llevan al desarrollo de diferentes patrones de habilidades. Es lo que se conoce como ley de diferenciación cultural.
Asimismo, el concepto de “persona”, pieza clave en la construcción de la filosofía y la psicología occidentales, no es universal, como podría suponerse cuando describimos en nuestro entorno cultural, por ejemplo, los trastornos de la personalidad. En efecto, en culturas no centradas en el individuo y organizadas en torno a una perspectiva holística las “personas” no pueden entenderse si no es en relación con los demás y con el medio ambiente. La persona no se define por una serie de propiedades que le caracterizan, sino por su modo de interaccionar con el medio. Tal perspectiva cuestiona la noción de “persona” propio de la psicología occidental actual por su carácter no contextual.
Paradójicamente, en un contexto de insistencia en la “globalización” de ciertas pautas de comportamiento y consumo, se han generado en los últimos años una gran cantidad de trabajos, englobados bajo el título de “estudios culturales” que, rebasando los límites de la sociología y la antropología académicas tradicionales, tratan de dar cuenta de una gran cantidad de fenómenos culturales que pugnan por subsistir en los márgenes de la globalización o por adquirir visibilidad por fuera de ella, generando un rico ejercicio de análisis epistemológico de relaciones de sentido y relaciones de poder en torno a esa subsistencia o visibilidad.
Justamente nuestra América Latina es una de las regiones en que más marcadamente se observa esa variabilidad cultural y sus esfuerzos de legitimación, que no escapan a las vicisitudes políticas de los países de la región.
También en el campo de la psiquiatría encontramos esta misma tensión entre la tendencia globalizante y el reconocimiento de lo idiosincrático, empíricamente reconocible en la variabilidad cultural.
Para explorar esa tensión hemos invitado a dos prestigiosos investigadores; por un lado, el Dr. Sergio Villaseñor Bayardo, Presidente del Grupo Latinoamericano de Estudios Transculturales (GLADET), quien en su artículo nos presenta una mirada de conjunto de los aportes culturales al campo de la psiquiatría originados en América Latina y en la entrevista, que gentilmente nos ofrece, nos pone en conocimiento de la historia y los alcances del GLADET que actualmente preside.
Por otro lado, el Dr. Renato Alarcón, Profesor Titular de la Cátedra Honorio Delgado de la Universidad Peruana Cayetano Heredia de Lima y Profesor Emérito de Psiquiatría de la Mayo Clinic College of Medicine de Rochester, EE.UU., nos instruye sobre la conceptualización y presencia de los fenómenos culturales en la redacción del DSM-5 y también en las tensiones y dificultades para su reconocimiento en los grupos de trabajo responsables de su redacción final.
El análisis de cómo y de qué manera la subjetividad se constituye en tanto intersubjetividad en relación dialéctica con el espacio cultural es abordado por el Dr. Horacio Vommaro, presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) y fundador del Capítulo de Violencia Social y salud Mental de esa entidad.
Si la cultura de una época y de un determinado lugar puede dar origen a determinadas patologías psiquiátricas es tema del artículo del Dr. Emilio Vaschetto, quien indaga acerca del particular fenómeno de la dromomanía y sus implicancias epistemológicas para el campo de la psiquiatría.
Cómo las nuevas tecnologías del tipo de redes sociales pueden incidir en la práctica psiquiátrica nos ilustra el artículo del Dr. Daniel Matusevich acerca de la aplicación de un protocolo mediado por WhatsApp en el trabajo cotidiano de una sala de internación de pacientes agudos.
Como se podrá apreciar se trata de un conjunto de artículos necesariamente heterogéneos que permiten pensar desde diferentes perspectivas la incidencia de la cultura contemporánea en la praxis psiquiátrica, y es nuestra intención que los mismos puedan generar en nuestros lectores interrogantes y reflexiones que enriquezcan nuestra práctica clínica.